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¿LA CULPA LA TIENE GALLUP?

Ante el trastorno moral del país, la izquierda nacional e internacional y los oportunistas de siempre, arrecian sus ataques contra nuestro Ejército bicentenario, tratando de demeritarlo. Se refriegan las ejecuciones extrajudiciales; se publicitan las confesiones lacrimosas de coroneles sin carácter; el senador de la bolsa y los billetes, iguala el entrenamiento militar con la tortura (tortura es verlo a él y sus conmilitones de las farc pontificando sobre lo público); se intenta amplificar el suicidio en las filas, que toca al 0,01% de la institución; en titulares de primera página, se pone a los militares a la cabeza de la violencia contra la mujer y en carátulas se habla de macabros silencios y terribles presiones al interior del Ejército. Buscan desprestigiar la institución, mientras sus soldados comparten con militares y civiles de Paraguay, México y otros países, experiencias sobre reglas de enfrentamiento, garantías del DIH y respeto de los DDHH en las operaciones.

Y aquí, miles de reservistas de todos los grados y de las cuatro Fuerzas se agitan en foros, en la calle, organizándose y tratando de darle cauce a la corriente anticomunista y cristiana que se percibe en el ambiente. La izquierda, por su parte, intenta maliciosamente hacerse al calor de los reservistas insatisfechos, supuestamente defendiendo sus reivindicaciones y aprovechando la dispersión de sus intereses.

En su encuesta de mayo, Gallup reiteró a los militares como la institución de mayor confiabilidad de los colombianos, mientras hundió en la sentina de la opinión pública a las farc, los partidos y el congreso. Retrato de un volcán político que desvela a avinagradas elites, a narco comunistas y que explica el ataque a nuestra institución más preciada.

Erosionar la moral institucional y sembrar la disensión y la desconfianza entre las filas de nuestros militares, es conducir el país al caos de la narcoviolencia, mucho peor que la de los terroristas marxistas leninistas sesenteros. Las fallas que existen en esta institución sui generis, deben ser tratadas con el rigor, la disciplina y la prudencia que el delicado asunto de las armas de la república requiere.

Lo que se está haciendo de manera tan irresponsable, solo conduce a la atonía institucional y de ahí a la entrega de las banderas, no hay sino un paso. Con la Institución militar no se juega, pues termina siendo un juguete de tiranos y déspotas, en un narco estado estaliniano. Como en Venezuela