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ALGUNA ESTUPIDEZ MILITAR VENEZOLANA…

Mientras la crisis humanitaria del país vecino aumenta cada día, los hechos alimentan la paranoia propagandística de su gobierno comunista.

Colombia trata de controlar los desplazados y la violencia criminal disparada en la frontera; Brasil militariza su lindero para ayudar a los refugiados de la “Venezuela humana”; Aruba desplaza una corbeta para interceptar balseros y narcotraficantes; el canciller Tillerson visita Colombia y habla sobre el problema venezolano; el Almirante Tidd, Comandante del Comando Sur, se entrevista en Bogotá con burócratas y militares; el Senador Marcos Rubio aboga por una intervención militar; Trump sanciona otros altos funcionarios chavistas y amenaza con suspender la compra de petróleo a PDVSA; el fiscal del gobierno caraqueño, de origen sirio libanes, vocifera el cansón blablá de hace veinte años y Evo Morales, mamertoide con ínfulas de Inca, grita que hay una invasión en camino y convoca a la caduca Unasur.

La dictadura argumenta que Colombia ha desplazado algunos tanques de guerra (Colombia no tiene esas armas) y entonces moviliza 100 soldados de fuerzas especiales, “Caribes” que llaman, a la frontera.

Los dos países no tienen dinero para sostener una guerra, pero a ambos no les caería mal un rifirrafe fronterizo que distraiga la atención interna y externa de los verdaderos problemas que los aquejan. Aquel, que está asesinando a su gente de hambre, violencia y enfermedades y este en donde la fementida paz no cuaja y una suspensión o aplazamiento de las elecciones podría ser oportuno para muchos.

La ciudadanía colombiana esta escéptica y descreída, en medio de una campaña electoral gris, parca, dudosa, llena más de interrogantes que de certezas, aunque con una opinión mayoritaria: no queremos impunidad para las farc. No los aceptamos como legisladores. Rechazamos su arrogancia blindada y cínica. Y es ahí donde surge el peligro de las tercerías nini, ni izquierda ni derecha. Aparecen los Kerensky, los Chamberlain, que siempre han sido aprovechados por el extremismo para en un Gobierno de Transición, asaltar el poder. Y en Colombia tenemos ese peligro, que se agravaría con cualquier zaperoco armado en Arauca, Norte de Santander o la Guajira.

Están además, los intereses geoestratégicos de Rusia, apoyo principal de Caracas y de China, poseedora de gran parte de las reservas petroleras del Orinoco.

Por ahora, sigamos atentos el desarrollo de los acontecimientos en la frontera colombo-venezolana y los movimientos indicadores de alguna estupidez militar venezolana.

John Marulanda