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COLOMBIA: HACIA UNA VENEZUELA MEXICANIZADA

Las narcofarc, sin pausa, están desarrollando su estrategia de combinación de todas las formas de lucha con el brazo político aposentado en el congreso y el brazo armado fortaleciéndose y protegido por Venezuela. Esto es una evidencia empírica que intentan desvirtuar algunas ONGs, quintacolumnistas de los bárbaros.  Comentaristas sobre asuntos de Seguridad, algunos muy jóvenes e inexpertos, otros viejos y enviciados marxistas-leninistas, ven el problema con diferentes ópticas, que no dejan de enriquecer el debate, pero que desvían la atención o desnaturalizan los hechos. Por otra parte, la Fuerza Pública, que conoce el asunto más que nadie, pero sin fuero para pelear, asustada por una justicia corrompida, intimidada por hordas de indígenas borrachos o campesinos manipulados por delincuentes, amadrinada en la subordinación y con jefes políticos pacatos, ha sido impotente para contener el narcotráfico, el mayor problema de Seguridad Nacional, a pesar del continuo sacrificio de sus hombres.

En el lejano oriente colombiano, el nuevo Cartel Sur narcofariano escenifica una guerra intestina entre alias Gentil Duarte y alias Iván Márquez. Duarte ha venido fortaleciendo un corredor estratégico que va desde las fronteras de Venezuela, Brasil y Perú hasta la frontera colombo-ecuatoriana por el occidente. En esta franja se disputan control territorial y humano, cocaína, minería ilegal, coltán, organizaciones narcoterroristas presentadas por las autoridades como Grupos Armados Delincuenciales o Grupos Armados Residuales sin cariz político y para los cuales se emitió una ley inane de sometimiento, tratando de convencerlos que se entreguen sin pelear. Vano esfuerzo. Con o sin disfraz político, los carteles de las farc están apoderándose del suroriente del país. El eln, a su vez, con su gerontocracia segura en Cuba, dinamiza dos núcleos importantes. Uno que desde Arauca y con la colaboración con las Fuerzas Armadas venezolanas, pelea por el control total en Catatumbo y Guajira en Colombia, mientras campea orondo con emisoras y bolsas “clap” en Zulia, Táchira, Apure, Barinas, Bolívar y Amazonas, llegando hasta Santa Elena de Guairá, frontera con Brasil, en Venezuela. Y otro núcleo, desde un sangriento Cauca, avanza a punta de bala y machete por el Chocó hasta el Darién colombo-panameño por el norte, y al sur trasiega las fronteras con Ecuador y Perú. La histórica y funesta ausencia de Estado en la costa del pacifico, por donde sale el 70% de la cocaína que producimos; una arisca geografía de montañas, selva y ríos imposibles de vigilar; guardias indígenas paramilitares de izquierda  apoyando comunidades abandonadas que  expulsan la fuerza pública de sus territorios; proliferación de narcobandas asesinas con presencia de emisarios del cártel de Sinaloa y trochas incontrolables en la frontera ecuatoriana, componen el mortal descontrol, que no se arreglará solamente con más soldados y policías. No faltará el desinformado o el perverso que sindiquen a la Fuerza Pública por “inoperante” y el fiscal o juez malintencionado que los encause por “omisión”. Como dijo el Mindefensa desde Popayán, se está deslegitimando la FFPP. Y esto será decisivo para el futuro inmediato de nuestra Seguridad Pública nacional, pues esa pinza farc-eln buscará asfixiar el corazón de la República como lo intentaron hasta el 2009, solo que ahora hay una injerencia directa, armada desde Caracas y política desde La Habana.

Las recientes masacres en el Valle, Cauca y Nariño, serían un abrebocas de lo que viene para el país, tal como lo hemos venido advirtiendo desde hace años. Parecería que un nuevo ciclo de violencia está arrancando desde el suroccidente del país, la zona con la mayor extensión de cultivos ilícitos de coca en el mundo, resultado de muy malas decisiones del gobierno Santos. Mientras desde el lejano oriente colombiano, se anima y apoya la perturbación callejera en Bogotá y otras ciudades del país, la mayoría de la opinión pública le sigue negando credibilidad, fuerza moral, a los turbios acuerdos habaneros y a sus espurios engendros, la Jep y la Comisión de la Mentira. En esta dinámica, la Reserva Activa y sus simpatizantes, jugarán un papel decisivo en la defensa de los principios que nos formaron como sociedad y como cultura, solo si logran articular sus dispersos grupos interesados en el poder político. Articular es el nombre del juego, porque vamos hacia una Venezuela mexicanizada, aunque muchos aún no lo crean.