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HACE 20 ANOS

A mediados de abril de 1993, el cartel de Medellín activó un carrobomba frente al Centro Comercial la 93 en Bogotá: 11 muertos y 218 heridos. Durante esos días, el Comandante del Ejército, general Manuel Guzmán, activó en el cantón Norte la Escuela de Relaciones Civiles Militares, unidad de entrenamiento en asuntos civiles y cooperación civil militar, que aún sobrevive con otro nombre. Para julio de ese mismo año, la ERCM realizó el primer curso internacional con participación de oficiales de diferentes países, entre ellos dos capitanes mexicanos quienes regresaron a su país en diciembre.

El 1 de enero de 1994, con la cara cubierta por un pasamontañas el profesor de filosofía Rafael Guillén, alias “Subcomandante Marcos”, anunció al mundo la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), buscando “un mundo nuevo”. (También Abimael Guzmán, alias “Camarada Gonzalo”, el de Sendero Luminoso, era profesor de filosofía). Entre los primeros militares en llegar a Chiapas, a San Cristóbal de las Casas, estaban los dos capitanes recién graduados en la ERCM. Hace poco me encontré en el DF con uno de ellos y platicamos sobre la experiencia. ¿Sirvió de algo su entrenamiento en Colombia? Sí. Fue útil, me dijo. Pero el traspaso de conocimientos tácticos a los mexicanos, cambiaría de los militares a la policía: el narcotráfico se encumbró como el principal problema de seguridad, a pesar de que el Centro de Investigaciones Históricas de Movimientos Armados registra 14 grupos guerrilleros en México y de que hace menos de un mes hicieron su aparición las Far-LP, en Guerrero.

Hoy, veinte años y como sesenta muertos después, el EZLN mantiene una aceitada aunque opaca maquinaria publicitaria que no va más allá de lo folclórico y anecdótico, frente a carteles narcotraficantes y a crecientes autodefensas, serios problemas de seguridad para el gobierno de Peña Nieto. El tal “Subcomandante Marcos”, mediático filósofo de fusil y pistola, de pipa y pasamontaña, no se deja ver desde 2007. ¿Arrepentimiento? ¿Aburrimiento? ¿Reflexión? La veneración y santificación de sus caudillos que caracteriza a este tipo de movimientos extremistas es un anacronismo que no por descontextualizado deja de tener vigencia con resultados desastrosos. Falsos profetas que exacerban a sus desinformados fanáticos, para imponer su ambición de poder por encima de cualquier ley, de cualquier restricción. Ahí están el reinsertado Petro y el mismo coro que se oyó en Caracas en el 2004: “Uh, ah… Chávez no se va…”. Miren las consecuencias.

Hace 20 años compartíamos con el Ejército mexicano nuestras experiencias en guerra irregular. Pero el narcotráfico capitalista terminaría por engullir las guerrillas marxistas tercermundistas para convertirse en la real y actual amenaza para los Estados latinoamericanos.

JOHN MARULANDA

COLUMNISTA

Fuente: El Colombiano