Latinoamerica

REBELIÓN ANTICOMUNISTA EN CARACAS

El asesinato en Caracas, la tarde del lunes, del Capitán rebelde de la policía venezolana Oscar Pérez, genera varias reflexiones.

Una, es que debe existir una profunda conciencia y una total responsabilidad en la decisión del empleo de la fuerza legal, legítima del Estado.

Años de formación militar aprendiendo disciplina, subordinación, mando, deontología, historia, táctica, etc., buscan finalmente que a través de la educación, el entrenamiento, los ritos y los procedimientos, el uso de las armas se mantenga dentro de  parámetros establecidos y aceptados nacional e  internacionalmente. En este caso, la reacción del gobierno chavista, desproporcionada e innoble, violó todos los protocolos instituidos por el DIH, con un agravante: el empleo irregular de “colectivos”, estructuras paramilitares dizque a cargo de la defensa del legado chavista.

Junto con sus compañeros de aventura, entre ellos una mujer, el sedicioso ex oficial debía saber desde el principio que inexorablemente retaba la muerte al confrontar un gobierno liberticida y paranoico.

A pesar de los claros gritos de rendición y la evidente superioridad de las fuerzas estatales, ese gobierno decidió aniquilar a los insurrectos.

Y es que si hay alguien inclemente en la victoria son los comunistas. Rusia, China, Vietnam, Camboya, Cuba, entre otros, son dramáticos ejemplos. Además, la frustración de sus históricos fracasos los hace despiadadas y feroces como último recurso de supervivencia. El hecho que nos ocupa, es otra muestra de ese arrebato que el marxismo leninismo inculca en sus sacerdotes, oficiantes de una degradación humana ya conocida y reeditada en Venezuela. La violencia es partera, rezan monódicamente, en tono inexorable.

La masacre de El Junquito, servirá para crear en el imaginario venezolano, angustiado, hambreado, en huida, una figura de referencia, un ícono que estimulará más la resistencia y, probablemente, nuevos núcleos de revuelta.

Otra cavilación es la referente al manido argumento de que cuando es necesario  el uso de la violencia legítima, esta debe estar siempre sujeta a una responsabilidad, que se desprende desde el más alto representante legal del Estado. Y tal responsabilidad incluye a los dirigentes políticos, nacionales e internacionales. Maduro ya enfrenta una demanda por este y otros hechos dolorosos de la pauperizada nación venezolana. (De paso ¿Cuándo juzgaremos a los Castro por reclutar, entrenar, equipar y enviar a la guerra de guerrillas en Colombia al eln? Esa deuda está pendiente).

Este incidente, además,  es otra alerta temprana para el débil gobierno colombiano y sus fuerzas armadas, sobre  el ánimo belicoso que campea en las fuerzas militares del hermano país, convertidas en una guardia pretoriana armada hasta los dientes por rusos y chinos y necesitadas de inventar cualquier brete para disimular sus graves pecados y fracasos. Cualquier estupidez pueden acometer, rabiosas, “en defensa del  pueblo y de la revolución”.