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REVISANDO EL ESCENARIO

Duele ver a nuestros soldados y policías equipados, armados y en cumplimiento de Órdenes de Operaciones legales y legítimas, vilipendiados, agredidos y humillados por andrajosos armados de machetes, miembros de las guardias campesinas e indígenas, “colectivos” legalizados en Cuba, reclutados, entrenados y operados por las farc. Convertidas ahora en escoltas de aprendices de tirano como el chavista Petro, el creciente control territorial de estas organizaciones paramilitares, genera confusión y desmotivación en nuestra Fuerza pública. Y cuando hay desmotivación, hay desinterés y cuando hay desinterés hay descuido: ahí están de ejemplo las bombas en el cuartel de la policía en Barranquilla y la mina en el campo de aterrizaje del helicóptero del ejército en Tibú. Para no hablar de nuestros soldados asesinados hace pocas horas en Norte de Santander, riesgo que habíamos advertido en nuestra penúltima columna.

No se compadece que con soldados desanimados y legalmente desprotegidos, el Ejército de un país pobre dizque aspire aliarse a los ejércitos de la rica Otan. No se puede hacer pastel de frambuesa con habas. En vez de estar mirando a los horizontes europeos y africanos, deberíamos concentrarnos en recuperar la moral y la dignidad, el honor, de nuestros soldados y policías, consumidos en la cotidianidad de este desbarajuste
En el actual confuso panorama, el narcotráfico se yergue como el eje de todos los males. Este gobierno, a fuerza de tretas y marrullerías, está convirtiendo a Colombia en un narco estado, con capos pedidos en extradición por la justicia americana, aun manejando las redes del crimen organizados internacional pero transformados en parlamentarios. Así ¿de qué vale Agamenón? ¿Cree este gobierno y sus mandos militares y policiales, que nuestros soldados y policías no se dan cuenta que están arriesgando la vida por defender ladrones, asesinos y narcotraficantes?

Todo esto mientras unas hambreadas hienas nos merodean calculando el zarpazo. Cuba la primera, Venezuela y Nicaragua, las tres aupadas por una Rusia nuclearizada que complaciente ve renacer el comunismo en la frontera geopolítica de su rival Estados Unidos. Y China, que muy apersonada de su papel de potencia de relevo, avanza en Latinoamérica inexorablemente, ante la indiferencia, por no decir desprecio, de Washington. En Colombia, ya tenemos militares chinos revisando nuestras escuelas de entrenamiento castrense.
Hay que hacer, urgentemente, un alto en el camino y repensar lo que estamos haciendo porque entre corruptos, impunidad y debilitamiento de la Fuerza Pública, la nación puede entrar en un nuevo ciclo de violencia.

John Marulanda