Sin categoría

VIGIA ESPECIAL EL 21 DE NOVIEMBRE

Las amenazas de Maduro y de Diosdado sobre Colombia, no son solamente fanfarronadas de enajenados comunistas: nuestro país es la joya de la Corona en el plan del Foro de San Pablo para la retoma del poder en la región.

En Ecuador, una bien fraguada intentona que aún no ha escrito su último capítulo, empezó con la convocatoria por las redes sociales de miles de indígenas para protestar por la supresión del subsidio al combustible y terminó pidiendo la cabeza del presidente Moreno. En la tregua en curso, el líder de los indígenas ha sido claro: queremos un cambio de sistema. Y amenaza con organizar un ejército indígena. En Chile, todo empezó con un alza en el precio del transporte y una convocatoria por redes que culminó en desastre. Hoy todas las facciones de la izquierda exigen la dimisión del presidente Píñera y una nueva constitución. En Colombia, se anuncia por radio e impresos un gran paro nacional para el 21 que desde ya, pide la renuncia del presidente Duque, mientras un parlamentario amenaza con un “estallido social”. Aquí las redes también se mueven,

La presencia de activistas venezolanos y cubanos ha sido verificada tanto en Ecuador como en Chile. En Colombia cientos de cubanos se mueven libremente por el territorio mientras agentes del Sebim y experimentados provocadores venezolanos, afilan las garras para esa fecha. También hay rusos por ahí.

El método será el mismo: los organizadores siempre jurarán que es una marcha pacífica; los agitadores actuarán contra la infraestructura de transporte, bloquearan las vías a los aeropuertos y paralizarán la movilización urbana;  tratarán de generar algún tipo de desabastecimiento; encapuchados vandalizarán el comercio, si multinacional mejor, el mobiliario público y  símbolos nacionales;  la ciudadanía, asustada, permanecerá en sus casas mientras ellos se  adueñan del espacio público; atacarán sin piedad a policías y soldados, si los hubiere; incendiarán, robarán y agredirán, sabiendo de antemano de su impunidad y que cualquier acción de contención o de reacción de la Fuerza Pública será denunciada como agresión, exceso de fuerza o masacre. Como en México, en Ecuador y en Chile, los militares serán rey de burlas, lo que alimentará la agresividad de jóvenes guiados por la emoción y la adrenalina. Y los medios seguirán el juego.

Lemas y cánticos simples, breves, emocionales, imprecisos, con una pizca de verdad, fáciles de repetir y la psicología solidaria y anónima de la turbamulta serán los motores de los desmanes que ya han sido ensayados a menor escala en demostraciones anteriores. “Paren los bombardeos asesinos de niños”, se verá con profusión. Plataformas como Signal, Telegram o IRC servirán para mantener el anonimato de quienes maniobren la revuelta, que será como el agua, fluyendo por las calles citadinas. Las redes sociales servirán de vasos comunicantes, alienantes e irresponsables.

Una violencia generalizada o dosificada contra puntos críticos, el apoyo de “medios  amigos”, simpatizantes o desentendidos y una presión política adecuada, concluirán con un llamamiento al dialogo y a la restauración de la paz y tranquilidad, por parte de los mismos personajes de siempre, que respaldados por “países amigos” y onegés europeas, nórdicas, reclamarán la paz mientras escamotean cambios políticos mayores, inclusive constitucionales, dejándonos a merced de sus elitistas ambiciones totalitarias, vestidas de justicia y bienestar para todos. Bogotá y otras ciudades capitales pueden repetir los aciagos días abril de 1948, sirviendo en bandeja de plata para la propaganda de la izquierda internacional la demostración palmaria de “un régimen dictatorial, represivo y genocida y un pueblo alzado que reclama sus derechos”, sempiterno argumento de la pre revolución. El Grupo de Puebla, con Samper incluido, saltará a la palestra si la situación se prolonga.

El 21 de noviembre, el país puede caer en la trampa comunista de comprobada eficacia y con un gobierno frágil y debilitado, desmoronarse por el tortuoso camino de un gobierno en donde el castrochavimo, su aliado el crimen organizado transnacional, las farc, el eln y la mamertada criolla, nos lleven por el camino de otra Venezuela desarraigada y muerta de hambre.

Preventivamente, la protección física adecuada de bienes y negocios, redes cerradas de comunicación entre vecinos, amigos y/ o colegas, filmación de los desafueren de los marchistas violentos, delación de la presencia de extranjeros, denuncia al exterior de la agresión, son algunas medidas que se deben adoptar desde ya. Ahora son fundamentales las informaciones que puedan prevenir hechos delincuenciales, la solidaridad y el apoyo a nuestras fuerzas policiales y militares y sobre todo, una actitud crítica, no condescendiente con exigencias ilegítimas, irreales o maliciosas.

Ojalá la Inteligencia del Estado pueda neutralizar a los actores perturbadores nacionales y extranjeros para que la protesta, legal y legítima, marche sin incidentes y gane credibilidad. Y desde ya, se debe prever una contramarcha.

Todos los colombianos tenemos la obligación de defender lo que hemos logrado, poco o mucho, y evitar que los parásitos comunistas que todos identificamos, puedan adueñarse del poder y someternos a sus designios estalinianos o peor, maduristas. Lo que suceda el 21 en el país, puede enrutar definitivamente el continente hacia un caos o puede poner un freno a la exacerbada reconquista del poder de parte de una izquierda mentirosa y ladrona que durante una década pauperizó la región. Miremos a Venezuela